Jes ? ?s le dijo una vez a Pedro: Duc in altum (Rema mar adentro). Ahora el sucesor de Pedro me pide que haga lo mismo, confi ? ndome esta nueva responsabilidad.
Se me ha llamado a regresar a la Iglesia donde me orden ? (c) y donde serv ? – como sacerdote, p ? rroco y obispo auxiliar. Aqu ? -, en el Sur de la Florida, aprend ? – a ser sacerdote entre los cubanos y dem ? s hispanos; luego pas ? (c) la mayor ? -a de mi tiempo como sacerdote entre los haitianos, cuya fe en medio de las adversidades nos ha impresionado mucho. Me siento muy humilde ante la confianza que el Santo Padre ha puesto en m ? -, y consciente de mis limitaciones y defectos, pido nuevamente la intercesi ? ‘n de Mar ? -a, Madre de la Iglesia, para poder cumplir dignamente con mis nuevos deberes como cuarto arzobispo de Miami, una vez sea instalado el pr ? ‘ximo 1 de junio.
Al regresar al sur de la Florida, s ? (c) que esta comunidad, tan diversa y din ? mica a la vez, me dar ? la bienvenida y me har ? sentir como en mi casa al volver a familiarizarme con el pueblo que reside en los condados de Miami-Dade, Broward y Monroe, que componen la Arquidi ? ‘cesis.
Al arzobispo John C. Favalora le ofrezco mis felicitaciones. Deseo que su retiro le ofrezca la oportunidad de poder estar tan ocupado como desee — sin preocuparse. A partir del 1 de junio, esas preocupaciones recaen sobre mis hombros. Me dicen que Miami tiene sus retos pero, ? es esto algo nuevo? El Se ? +/-or nos dice: “No tengan miedo” (Mt. 28:5).
El reto fundamental que enfrentamos juntos es “mostrar la capacidad de la Iglesia para promover y formar disc ? -pulos y misioneros que respondan a la vocaci ? ‘n recibida y comuniquen por doquier con desborde de gratitud y alegr ? -a, el don del encuentro con Jesucristo. No tenemos otro tesoro que ? (c)ste. No tenemos ninguna otra dicha, ni otra prioridad que ser instrumentos del Esp ? -ritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado y anunciado y comunicado a todos, no obstante todas las dificultades y resistencias.” (Documento Conclusivo de Aparecida, V Conferencia del CELAM).
Cuando estaba en Orlando siempre le dec ? -a a mis sacerdotes que nunca les pedir ? -a que trabajaran m ? s fuerte que yo. A los sacerdotes de Miami les digo lo mismo. Los sacerdotes trabajan dur ? -simo y nuestros fieles lo aprecian; tienen todo el derecho a esperar no que nos quememos, sino que nos consumamos por el amor de ellos y de nuestro Se ? +/-or.
Al prepararme para ser el Arzobispo, les pido a todos los cat ? ‘licos sus oraciones y su apoyo. Pido lo mismo de las otras comunidades cristianas y de los jud ? -os, los musulmanes y las dem ? s comunidades de fe del sur de la Florida, y espero colaborar con ellos y con nuestros l ? -deres c ? -vicos y pol ? -ticos para promover el bien com ? ?n y la dignidad del ser humano, creado a “imagen y semejanza de Dios”.
Las palabras de Juan Pablo II nos dicen que “debemos recordar el pasado con gratitud, vivir el presente con entusiasmo y mirar hacia el futuro con confianza”. Y as ? -, con una mezcla de gratitud, entusiasmo y confianza, deseo concluir con estas palabras del papa Benedicto XVI:
“Quien gobierna el mundo es Dios, no nosotros. Nosotros le ofrecemos nuestro servicio s ? ‘lo en lo que podemos y hasta que ? ?l nos d ? (c) fuerzas. Sin embargo, hacer todo lo que est ? en nuestras manos con las capacidades que tenemos, es la tarea que mantiene siempre activo al siervo bueno de Jesucristo: ‘Nos apremia el amor de Cristo'”.
Thomas G. Wenski es el ex obispo de Orlando, nombrado esta semana para dirigir la Arquidi ? ‘cesis de Miami.